• MENOS ALCOHOL, MÁS PLACER

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    El vino es una de las bebidas más apreciadas por el paladar de los ciudadanos occidentales. Gusta por su sabor, por su textura y por el recuerdo a fruta fresca que sugiere en la mente cuando se prueba. Sin embargo, no por su procedencia y elaboración naturales deja de ser una bebida alcohólica.

    Pero he aquí una buena noticia para los amantes de los buenos caldos: cuanto menos graduación de alcohol tenga un vino, más placer generará en el cerebro de quien lo degusta. Esto ocurre porque cuando se ingiere un vino con poco nivel de alcohol, el cerebro puede centrarse en prestar atención a factores como el aroma, el gusto y el olor. Éstos, procesados por las terminaciones sensoriales de los seres humanos, generan una sensación de placer que es de menor magnitud cuando el líquido viene envuelto en una capa de alcohol más densa.

    Así se ha determinado en una investigación llevada a cabo por el Basque Center on Cognition, Brain and Language, dirigida por el científico Ram Frost y publicada en el medio especializado ‘Plos One’. Para llegar a esta conclusión, los investigadores observaron, mediante el uso de resonancias magnéticas, el comportamiento cerebral de más de 20 individuos durante una cata de ocho vinos con diferentes graduaciones de alcohol.

    Y es que la intención de los científicos era poner de relevancia cómo son, en realidad, los gustos de los consumidores de vino, pues la industria vitivinícola se basa en ellos a la hora de elaborar sus productos y de dar mayor o menos salida en el mercado a los de uno u otro tipo. Ahora queda ver si, efectivamente, este sector toma en cuenta los nuevos datos y reduce las cantidades de alcohol presentes en sus vinos: ¡el consumidor medio se lo agradecerá!

  • EL ABUSO DE DROGAS

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    La dependencia de drogas viene precedida por el abuso en el consumo de sustancias psicoactivas, es decir, por usar sustancias que fueron creadas para otras funciones y la persona las usa para divertirse, como muleta para cubrir algún fallo de caracter (timidez, falta de auotoestima, etc…) o para evadirse de una realidad que la persona se ve incapaz de afrontar.

    Esto, unido a que sabemos que también el enfermo nace con una predisposicón genética a desarrollar la enfermedad si entra en contacto con las drogas, hace que se den todos los condicionantes necesarios para desarrollar una dependencia a las drogas, para convertirse en drogodependiente.

     

    Óscar Fidalgo

    Terapéuta Jefe Neurosalus